La flor de Pascua, un emblema que une culturas y decora hogares

La poinsettia debe su nombre a Joel Robert Poinsett, primer embajador de Estados Unidos en México, quien quedó cautivado por la planta a principios del siglo XIX

Los expertos de Stars for Europe recomiendan situar a la planta en un lugar de luz abundante y con temperaturas entre los 15 y 22 °C

La poinsettia, también conocida como flor de Pascua, se ha convertido en un emblema indiscutible de las fiestas navideñas. Es la planta más regalada en diciembre y uno de los adornos florales más reconocibles en todo el mundo. Sus intensas brácteas rojas, que a menudo se confunden con pétalos, aportan un contraste único con el verde de sus hojas, evocando los colores tradicionales de la Navidad.

Según Stars for Europe (SfE), iniciativa que forma parte de la campaña «Stars Unite a Europe in Bloom» financiada por la Unión Europea, su éxito no se explica únicamente por su belleza: detrás de cada poinsettia hay una historia fascinante que conecta culturas, siglos de tradición y un simbolismo que sigue transmitiéndose hoy en día.

Mucho antes de decorar hogares en Europa o América, la poinsettia era venerada por los aztecas en los siglos XIV y XV. Conocida como “cuitlaxochitl”, que significa “flor de cuero”, crecía en arbustos de hasta cuatro metros de altura. Sus brácteas rojas intensas simbolizaban la pureza y la vida, y eran utilizadas en templos y rituales religiosos. El emperador Moctezuma la consideraba su planta favorita y ordenaba cultivarla en los jardines reales. Además de su valor ornamental, tenía usos prácticos: con sus hojas elaboraban tintes rojos para tejidos, y de su savia obtenían remedios contra la fiebre.

Cuando los españoles llegaron a Centroamérica a comienzos del siglo XVI, quedaron cautivados por esta planta. El naturalista Francisco Hernández de Toledo fue el primero en documentarla en una obra médica que detallaba los recursos de la Nueva España. Desde entonces, el interés europeo por la flor creció rápidamente, y expediciones científicas posteriores, como las de Alexander von Humboldt, ayudaron a introducirla en el continente. Su nombre científico, Euphorbia pulcherrima –“la más bella de las euforbias”, reflejaba ya la admiración que despertaba.

La llegada a Estados Unidos y el nacimiento del Día de la flor de Pascua

El siguiente capítulo de su historia vino de la mano de Joel Robert Poinsett, primer embajador de Estados Unidos en México, que quedó fascinado con la planta a principios del siglo XIX. Decidió llevarla a su país y compartirla entre amigos, botánicos y jardines de referencia. Los expertos de SfE, han recordado que “su difusión fue tan rápida que, en pocos años, la flor de Pascua pasó de ser una rareza exótica a una de las flores más demandadas en los viveros. En honor a él, recibió popularmente el nombre de poinsettia”.

El 12 de diciembre, aniversario de la muerte de Poinsett en 1851, el Congreso de Estados Unidos declaró oficialmente el Día de la Poinsettia. Esta celebración, que comenzó en 1852, se convirtió en una ocasión perfecta para regalar esta planta como símbolo de afecto, gratitud y buenos deseos. Hoy en día, la tradición ha cruzado fronteras y gana cada año más popularidad en Europa, donde se suma a las costumbres propias de Adviento y Navidad.

El empuje del marketing y la consolidación como “Estrella de Navidad”

Aunque ya era conocida, la poinsettia alcanzó su verdadero auge en el siglo XX gracias al inmigrante alemán Albert Ecke y su familia. Desde California, comprendieron que el color rojo de la planta encajaba perfectamente con el imaginario navideño y comenzaron a comercializarla como decoración para diciembre. Su hijo, Paul Ecke, fue quien dio el paso definitivo al rebautizarla como “Estrella de Navidad” y lanzar campañas de promoción en colaboración con revistas de estilo de vida y decoración.

El éxito fue inmediato. A partir de los años 50, gracias al trabajo de viveristas estadounidenses y europeos, la poinsettia dejó de ser un arbusto imponente y se adaptó a los hogares en formato de maceta, mucho más manejable y asequible. “Desde entonces, se ha convertido en la planta de interior más vendida durante la campaña navideña, presente en millones de casas, escaparates y oficinas de todo el mundo”, han destacado desde SfE.

Consejos para cuidar la planta más regalada en Navidad

La poinsettia florece en invierno, pero no hay que olvidar que procede de regiones tropicales de México. Por ello, su cuidado requiere algunas atenciones especiales. Entre ellas destaca la protección de la planta frente al frio, puesto que no debe exponerse a temperaturas por debajo de los 12 ºC y durante el transporte es conveniente envolverla para que no sufra daños. Al hilo de ello, los expertos han apuntado que “la poinsettia necesita luz abundante y temperaturas suaves, entre los 15 y 22 ºC. Además, hay que tener cuidado con manzanas, plátanos o tomates, ya que emiten etileno, un gas que acelera el marchitamiento de las brácteas”.

En este sentido cabe destacar que la tierra debe secarse ligeramente entre riegos. Puede regarse desde arriba, desde el plato o mediante inmersión, pero siempre retirando el agua sobrante. “Al igual que en primavera conviene podarla y trasplantarla, a partir de septiembre, si se quiere que recupere sus colores en Navidad, debe mantenerse entre 12 y 14 horas al día en completa oscuridad durante seis a ocho semanas”, han recordado desde SfE.

Finalmente, los expertos han concluido haciendo hincapié en que regalar una poinsettia es mucho más que entregar una planta: “es compartir alegría, esperanza y unión en Navidad. Su historia y su belleza la convierten en el regalo perfecto para transmitir ilusión en estas fechas”.